Estudia violín feliz y saludablemente: «el chisme»

Este post es una parte de una serie de publicaciones alrededor de esta temática, a continuación te iré dejando los enlaces de todas las partes a medida que las vaya publicando:

  1. El chisme: mi historia personal, desafío, punto de quiebre y aceptar la imperfección.
  2. Procesos terapéuticos y profesores.
  3. La constancia, el auto-cuidado y técnicas de estudio.
  4. Repertorio, objetivos y sensaciones físicas al tocar.
  5. Te doy un montón de recursos gratuitos.

El chisme primero 😉

Historia personal y desafíos iniciales

Érase una vez una adolescente confundida que intentaba practicar. Todo empezó así: cuando era muy pequeñita, le fascinaba la música y bailaba y escuchaba música sin parar. Su ídolo era Shakira, le encantaba disfrazarse y jugar a hacer «shows» en casa y su película favorita era Fantasía 2000, que vio en bucle incontables veces. Casi por casualidad, y por iniciativa de sus padres, empezó a estudiar violín. Tenía cinco años.

El tiempo pasó y sin saber muy bien como, le pusieron la etiqueta de la niña estudiosa, bien portada y tranquila; vamos, era la «Niña Buena» de manual y además era la hermana mayor en la familia, así que siempre tuvo que comportarse de manera responsable y hacerse cargo de muchas cosas, demasiadas cosas.

A pesar de que su comienzo estudiando música fue un tanto tumultuoso, ya que tuvo que compartir salón de clases de solfeo con compañeros mayores que ella y tuvo que pasar por un proceso de adaptación difícil, con un poco de ayuda extra se puso al día y empezó a sacar buenas notas en las clases y a tocar cada vez en orquestas infantiles y juveniles más avanzadas, a ganar audiciones y a progresar poco a poco, pero de manera tenaz.

Los profesores la adoraban: también sacaba muy buenas notas en el colegio y aprendía con rapidez. Se exigía mucho y era muy competitiva. Se esforzaba por ser siempre la mejor en lo que hacía, hasta el punto de ponerse a llorar y sentir que el mundo se le caía encima si aprobaba un examen con una nota inferior al 17-18 sobre 20.

A los 13 años participó en su primer concurso, para el que estudió mucho. Primera ronda: Preludio y Gavota de la 3era partita para violín solo de Bach, estudio y capricho de Paganini. Segunda ronda: pieza virtuosa y sonata clásica. Tercera ronda: un concierto para violín a libre elección. Se acercaba la fecha del concurso y aunque las dos primeras rondas las tenía bien preparada, apenas era capaz de tocar el concierto de memoria. Igual no creía que fuera capaz de pasar a la final. Sin embargo el concurso llegó y pasó la primer ronda y para su sorpresa la segunda también. De repente tenía que tocar un concierto que apenas tenía preparado y que apenas podía tocar de arriba a abajo.

Punto de quiebre

Palpitaciones, insomnio, pánico, estudiar en una habitación de hotel hasta que le dolía el cerebro pero nada, no había manera de tocar el concierto en esas condiciones. Decidió retirarse del concurso y no tocar en la final. A partir de ahí, todo fue cuesta abajo.

Ella estaba viviendo una adolescencia más bien solitaria y estaba pasando por un momento personal difícil, con una serie de problemas familiares que la sobrepasaban. Para colmo, su profesor de violín del momento se fue a otro país, no sin antes dejarle una larga lista de obras para preparar, para cuando volviera para una masterclass en seis meses, obras que tendría que preparar por su cuenta. Por supuesto, una adolescente de trece/catorce años no está preparada para asumir algo así sin una guía.

No había manera, ella se metía en el cuarto y apenas podía sacar el violín del estuche. Y si lo sacaba, daba mil vueltas, divagaba, tocaba una frase una y otra vez sin poder concentrarse, encendía y apagaba la televisión, se ponía a jugar juegos en su teléfono, se preparaba snacks. Y así pasaban las horas. Imposible, no podía estudiar, estaba completamente bloqueada.

Buscaba en google tips para concentrarse, intentaba hacer journaling, rezaba, meditaba, escuchaba grabaciones una y otra vez, buscaba videos de clases y entrevistas de sus violinistas favoritos. Probó de todo y nada le funcionaba. Sólo le apetecía leer, escribir de vez en cuando en su diario y deseaba que alguien la acompañara en el proceso que estaba viviendo con tanta soledad, tanto personal como musical.

Pasaron esos seis meses y tocó en la masterclass unos movimientos de Bach que había intentado aprender durante unas vacaciones familiares que no disfrutó en lo absoluto porque estaba completamente agobiada. Tenía que tocar para su profesor habiendo pasado seis meses durante los que apenas había podido estudiar y en los que no había podido preparar ni siquiera una pequeña parte de la lista de repertorio que le había dejado.

La masterclass fue un desastre, tocó a medias esos movimientos de Bach que medio montó durante esas infames vacaciones que pasó con taquicardia, palpitaciones y dificultades para dormir. Y además, su profesor la comparó con sus otros compañeros, culpándola de no ser capaz de motivarse sola y de necesitar motivación del afuera. Esa comparación le dolió mucho durante un tiempo.

Se sucedieron varios meses, años y viajes de una ciudad a otra tratando de ver clases con distintos profesores y participando en masterclasses (en algunas con mejores resultados que en otras), y aunque estudiaba y realmente se esforzaba mucho por estudiar lo mejor que podía, la estaba pasando muy mal. No tenía un profesor con quién verse semanalmente para construir juntos una constancia de trabajo y estaba bastante aislada de sus compañeros músicos.

Se sentía avergonzada y culpable de no ser capaz de concentrarse y de no hacer el progreso que esperaba. Y además se acercaba el final del bachillerato y tenía que decidir que hacer luego con sus estudios universitarios. Soñaba con ir a estudiar en el extranjero, en algún conservatorio o universidad prestigiosa. Pero durante esos años, sus avances con el violín se habían quedado como congelados y cada vez veía ese sueño más lejano.

Más o menos ella aprendía repertorio nuevo como podía y algún progreso hizo. Por un momento se iluminó la situación un poco cuando sus padres le regalaron su propio violín y empezó a estudiar el concierto para violín de Bruch, violín que por cierto sigue siendo su instrumento en la actualidad. Pero se sentía perdida, ansiosa, agobiada, triste y sola. Vivió un pequeño infierno y no se atrevía a pedir ayuda o decir que la estaba pasando mal, porque ella tenía la etiqueta de ser una persona estudiosa y responsable y en su mente, todos esperaban de ella la excelencia, es decir no podía permitirse que la vieran de otra manera.

Así termina la historia 🔚

Esa niña y esa adolescente fui yo. Abrazo a mi niña y adolescente interior cuando pienso que en varios momentos pude haber dejado de estudiar violín y música. Pero si algo soy (y no esa «niña buena»), es resiliente.

Eventualmente, en una de las masterclasses a las que asistí conversé con una antigua compañera de clase de violín y le conté por lo que estaba pasando. Fue un alivio. Ella me hizo saber que habían cupos abiertos en la escuela Mozarteum en Caracas. Hice la audición y me admitieron. Y a partir de ahí, cuando ya había tocado fondo, las cosas comenzaron a mejorar poquito a poco. Conocí a compañeros maravillosos que amaban los libros, la música y el arte tanto como yo, hice amigos, empecé a tocar música de cámara y a ver clases de armonía, análisis e historia.

Cuando terminé el colegio, me fui una temporada a Santa Bárbara, California, dónde preparé con un profesor las bases del repertorio que tocaría en las pruebas de acceso a universidades y/o conservatorios. En California no la pasé tan bien y volví a tocar fondo, pero cuando regresé, me mudé a Caracas y me entregué de lleno a mis clases y allí tuve el encuentro que me cambiaría la vida, el encuentro con mi profesora. Conecté con ella inmediatamente y decidí que era con ella con quién quería estudiar. Fui a clases de francés y estuve meses muy motivada preparando las pruebas de admisión y haciendo muchas cosas con mis nuevos amigos en Caracas. Fui admitida y me fui a vivir y a estudiar a Suiza, dónde sigo ahora, ocho años después.

Evidentemente, la ansiedad, la angustia, el dolor, la confusión y la soledad seguían allí y tuve que trabajar muchísimo, con mi profesora y conmigo misma y otras herramientas, para sanar y estar en un lugar mental mucho más saludable. Hoy en día, creo que todo eso ya está atrás. Con el tiempo, he ido conociéndome mejor y he aprendido a hacer sesiones de estudios eficaces, a ser disciplinada y constante de una manera sustentable, a descansar y a hacer pausas cuando lo necesito y además, tengo una red de personas muy bonitas y una caja de herramientas bastante robusta que me permiten salir a flote cuándo la vida se pone difícil.

Aceptar la imperfección ❤️‍🩹

Algo que fue muy importante para mí durante el proceso fue despojarme de todas esas etiquetas que me pusieron otros y que acabé por adoptar: «niña buena», «tranquila», «no molesto a nadie», «puedo sola», entre otras. Esto me permitió reconocerme como lo que soy: un ser humano, con sus limitaciones, y una persona imperfecta y reconociéndome conecté con mi poder interior, con mi sabiduría interior y así mi creatividad empezó a fluir a chorros en todos los aspectos de mi vida.

Para mí, estudiar es cultivar una relación con el instrumento y con uno mismo. Y como toda relación, pueden haber altos y bajos. Habrán momentos en los que todo fluye y momentos en los que hay que ponerle un poquito de trabajo y ganas. También habrán momentos en los que hay que reinventar esa relación para encender la chispa. Y hay que llevar todos esos cambios con amor y con respeto, sobre todo amor y respeto hacia uno mismo.

Y eso es todo por el momento, muchas gracias por haber llegado hasta aquí.

En las próximas publicaciones, que van a salir semanalmente cada domingo, voy a compartir consejos, recursos e ideas que me ayudaron, y que espero te ayuden a ti también.

Este es un tema muy amplio y que seguro seguiré explorando en este blog desde diversas perspectivas. Pero bueno, siempre hay que empezar desde algún lugar 🛫

💛Conectemos💛

Cuéntame, ¿Has pasado por alguna experiencia similar? ¿Te ha sido útil leer esto? Te leo en los comentarios y en mis redes sociales.


Y si quieres comprarme un café, puedes ir aquí ☕️

En el próximo artículo: procesos terapéuticos y profesores.

5 responses to “Estudia violín feliz y saludablemente: «el chisme»”

  1. […] El chisme: mi historia personal, desafío, punto de quiebre y aceptar la imperfección. […]

  2. […] El chisme: mi historia personal, desafío, punto de quiebre y aceptar la imperfección. […]

  3. […] El chisme: mi historia personal, desafío, punto de quiebre y aceptar la imperfección. […]

  4. […] El chisme: mi historia personal, desafío, punto de quiebre y aceptar la imperfección. […]

  5. […] En estas fases la técnica del pomodoro es imprescindible. Puedes leer mi serie “Estudia Feliz y Saludablemente” para aprender más sobre […]

Deja un comentario

© María Alejandra OFF-TOPIC