Introduction
Entre la realidad y lo onírico

Siempre he tenido sueños muy intensos. No puedo recordar cómo empezaron, me parece que de alguna u otra manera siempre estuvieron allí. Desde que tengo memoria, soy una persona altamente sensible y varios de mis primeros recuerdos se balancean en el umbral que une la realidad con lo onírico.
Recuerdo una barra en una especie de bar o restaurante llena de dulces delicados en envoltorios de papel blanco. Recuerdo esquinas en apartamentos de personajes difusos (¿familia o amigos de mis padres?) con alfombras de color crema en las esquinas, formando una especie de carpa mágica con cotillones llenos de juguetes de madera impregnados de olor a aserrín. Tengo incluso un recuerdo, bastante raro, en el que estoy segura de que mi cuerpo se levantó del suelo, levitando durante algunos segundos.
Si cierro los ojos, puedo revivir la sensación exacta de esos momentos, pero ¿ocurrieron, lo soñé o fueron productos de mi imaginación?
Pesadillas
Luego todo empezó a contaminarse. Lo que eran imágenes surrealistas empezaron a convertirse en pesadillas frecuentes que me atormentaron durante mi infancia.
Los elementos que absorbía en mi día a día tomaban dimensiones gigantescas mientras dormía. En particular elementos que provenían de la televisión y de los medios. Era aterrador. Una imagen cualquiera podía inyectarse en mi psique y de manera imprevisible, podía convertirse en una pesadilla.
Supongo que tampoco ayudaba que fuera una niña tan curiosa, aprendí a leer muy rápido y leía cualquier cosa que se topara frente a mí. Y cuando digo cualquier cosa hablo de manuales de biología, guías de psicología, las hojas dominicales de las misas y las biblias, todos los cuentos que habían en los libros para aprender a leer, los catálogos de las tiendas, cuentos, fábulas, mitos, oraciones e incluso algún manual de sexualidad bien escondido con el que me encontré un poco más grandecita.
Era una esponja voraz. Absorbía el mundo a mi alrededor con la fuerza de todo mi cuerpo, mi piel, mi mente y mis emociones, que poco a poco fueron tomando forma.
Entonces llegó ese momento, doloroso, en el que no había nada que me diera más miedo que los atardeceres. Era percibir que el cielo se tornaba ligeramente anaranjado e inmediatamente sentía una sensación muy desagradable, una sensación que solo muchos años después pude nombrar: ansiedad. Palpitaciones, sudor frío y una desoladora sensación de soledad y miedo, miedo de dormir, porque sabía que las pesadillas iban a estar ahí.
Mis pesadillas siempre fueron recurrentes, mi mente las creaba una sola vez y luego se repetían con ligeras transformaciones. Tenía una lista de ellas: órganos vitales gigantes que me perseguían (cómo corazones y cerebros) en laberintos en medio del espacio, un demonio que aparecía en medio del campo a perseguirme a mí y a mi hermano, extraterrestres en campos de juegos o sueños en los que se repetían acciones mecánicas de manera desordenada y ruidosa que parecían extenderse toda la noche.
Una de las cosas que más me costó aprender de niña fue dormir. No aprender a leer, no aprender nociones básicas de matemática, no atarme los zapatos, no leer la hora en un reloj. Dormir. Qué difícil era dormir y cuánto odiaba dormir. Fui una niña insomne.
También dormir venía acompañado de sensaciones extrañas, sensaciones de que la habitación daba vueltas justo antes de quedarme dormida, sensaciones cómo de cajas de plástico encajadas en el cuerpo, y visiones extrañas con los ojos cerrados (no sé si te has dado cuenta de que cuándo cierras los ojos, no sólo se ve oscuridad, se ven también algunas formas y ser percibe un poco la luz de afuera).
Hice de todo para dejar de tener pesadillas y para dormir y empecé a desarrollar mis propias tácticas. Una de ellas era mirar fijamente un objeto mientas contaba en mi mente hasta que me quedaba dormida. Otra era llevarme mi lista mental de sueños a la misa dominical y rezar en el momento de la bendición de la hostia, que supuestamente era el momento en el que la oración era más poderosa y en ese momento le pedía a dios que se llevara mis pesadillas, nombrándolas una a una.
Pero éste fue el método que me sirvió: pedirle a mis peluches que me protegieran en los sueños. Me autosugestioné y los hice parte de mi imaginario. Y las pesadillas siguieron, pero en algún momento aprendí a dormir al fin, porque pude conectar con una sensación de cuidado y de confianza.
Otros sueños
Pero sigo soñando bien intenso, aunque es algo con lo que he aprendido a convivir, aunque todavía, muy de vez en cuando, tengo alguna noche de insomnio (sobre todo en algunas noches de luna llena) por algún sueño que me deja un poco tocada.
Los sueños van y viene y los hay de todo tipo: sueños con cosas cotidianas, sueños absurdos, sueños psicodélicos, sueños felices, sueños tristes, sueños eróticos, sueños tranquilizadores, sueños aterradores, sueños con lugares idílicos, sueños con lugares no tan idílicos, sueños premonitorios y sueños simbólicos.
Cada noche las imágenes se despliegan, algunas se repiten por épocas y van viniendo, en una ilusión de repetición, cómo las olas del mar. Tengo todo un repertorio de sueños sobre los que puedo escribir y de hecho, mi primer cuento se basó en uno de ellos: la ola de un tsunami me perseguía sólo a mí en una playa llena de gente. Es muy curioso porque se parece al primer sueño, o pesadilla, que relata Bolaño en 2666. Pero ya llegaremos a ello.
Se habla mucho sobre el mal cómo la gran temática del libro 2666 de Roberto Bolaño. Y por supuesto lo es y es magistral la manera en la que el escritor la despliega en esta obra monumental. Pero me parece que 2666 es tanto un libro de los sueños cómo es un libro sobre el mal.
Mis experiencias oníricas se vieron reflejadas en la multitud de sueños y visiones que son narrados en 2666.
Contexto del libro, 2666
La historia detrás de la edición
Luego de esta larga introducción llegamos al libro del escritor chileno. He leído la edición de DEBOLSILLO, que tiene 1184 páginas. Ya quisiera tener la obra completa de Bolaño de la editorial Anagrama, pero viviendo en un país no-hispano uno lee lo que consigue.
2666 fue su última novela y todavía estaba trabajando en ella antes de morir. La historia detrás de la edición es trágica y fascinante. En un principio, su proyecto consistía en una gran novela de más de mil páginas, aunque posteriormente Bolaño quiso dividirla en dos grandes partes. Sin embargo, la decisión final fue dividirla en cinco partes, que se pueden leer de manera independiente.
Durante el momento de la escritura, Bolaño se encontraba muy enfermo y esperaba un transplante de hígado. Sabía que ese transplante podría no llegar nunca y por lo tanto, era consciente de la inminencia de la muerte. Y de hecho, la decisión de dividir el libro en cinco parte se hizo con la intención de que la publicación de la novela fuera más rentable para sus hijos y sus herederos.
El transplante nunca llegó y Roberto Bolaño falleció el 15 de julio de 2003 a la edad de 50 años. Carolina Lopez (su esposa) y su editor finalmente tomaron la decisión de publicar las cinco partes todas juntas, en un solo libro monumental, con la intención de ser fieles al proyecto que Bolaño tenía al principio en mente.
Las cinco partes del libro son las siguientes:
- La parte de los críticos.
- La parte de Amalfitano.
- La parte de Fate.
- La parte de los crímenes.
- La parte de Archimboldi.
Es difícil resumir el argumento en pocas palabras, ya que en cada parte se despliegan ríos de personajes y de líneas argumentales, algunas resueltas y otras que desembocan en océanos profundos y se desvanecen en sueños, visiones y en la dureza y la confusión de la impunidad.
Pero para que te hagas más o menos una idea de qué trata el libro, nada mejor que la descripción de Jorge Herralde para la editorial Anagrama:
«A cuatro profesores de literatura, Jean-Claude Pelletier (francés), Piero Morini (italiano), Manuel Espinoza (español) y Liz Norton (inglesa), los une su común fascinación por la obra de Benno von Archimboldi, un enigmático escritor alemán cuyo prestigio crece en todo el mundo. La complicidad entre los cuatro adquiere pronto trazas de vodevil intelectual y cosmopolita -con ménage à trois incluido-, y desemboca en un disparatado peregrinaje a Santa Teresa (trasunto de Ciudad Juárez), en la frontera de México con Estados Unidos, donde hay quien dice que Archimboldi ha sido visto. Ya en Santa Teresa, Pelletier y Espinoza se enteran de que la ciudad viene siendo desde años atrás escenario de una larga cadena de crímenes atroces. En los vertederos de la ciudad no cesan de aparecer los cadáveres de mujeres, muchas de ellas apenas adolescentes, con señales de haber sido salvajemente violadas y torturadas. Es el primer asomo de la novela al agujero negro en que terminarán por precipitarse sus múltiples y procelosos caudales, repletos de personajes memorables cuyas historias, a caballo siempre entre la risa y el horror, abarcan dos continentes e incluyen, entre muchas otras cosas, un vertiginoso travelling por la historia europea del siglo XX, por las ruinas de una cultura y una civilización en derrota en las que la literatura continúa invocando un simulacro de salvación.»

¿Mi novelista favorito?
A Bolaño lo descubrí a través de sus entrevistas. Soy hija del internet y mucho de mis descubrimientos más emotivos y turbadores sucedieron a través en línea. Ahí estaba «La belleza de pensar» con Roberto Bolaño. Uno de los videos más legendarios en YouTube:
Y no hubo manera, quedé absolutamente prendada del escritor y luego procedí a leer y a ver absolutamente todas las entrevistas que pude encontrar. Mi acercamiento a sus libros, sin embargo, fue muy bolañiano.
Le pedí consejo a amigos que ya lo habían leído y evidentemente me recomendaron empezar con sus cuentos y procedí entonces a pedir en una famosa tienda en línea (que no mencionaré si no me pagan), Putas asesinas, un titulo que me llamó mucho la atención, y Llamadas telefónicas. El pedido se perdió y nunca llegó. Notifiqué a la plataforma y volvieron a enviarlo y nuevamente el pedido se perdió.
Y pues nada, me olvidé y el tiempo pasó. Y los libros tienen un poco esa magia de que aparecen en el momento justo. Entonces fui a visitar la biblioteca de la Universidad de Lausanne, ciudad en la que vivía en aquel entonces, porque necesitaba pedir unos documentos prestados para mi trabajo de grado.
Y ahí esa portada, también de la editorial DEBOLSILLO, que parece un trozo de papel quemado y destruido a balazos: Los detectives salvajes. Entonces me dio igual la recomendación de mi amigo, me llevé el libro de la biblioteca y me lancé a la aventura de leer la novela más famosa de Bolaño.
Y así fue como me quedé atrapada para siempre en el universo del escritor.
Podría ponerme a hablar largo y tendido sobre la obra de Bolaño y sobre Los detectives salvajes, que es mi novela favorita de todos los tiempos, pero eso lo dejamos para otro momento. Durante el encierro por la pandemia de COVID-19, una de las cosas que me salvó fue hacer un video sobre ese libro para mi canal de youtube y curiosamente acabó haciéndose viral. Ahora está en privado, pero quizás me anime a rescatarlo en algún momento y compartirlo en otro formato (igual si me mandas un mensajito privado te lo envío.)
Ahora a lo que hemos venido, 2666
La ternura de la imperfección
Aparentemente, las cuatro primeras partes quedaron terminadas y la última estaba todavía en proceso de escritura. Una cosa que me dio mucha ternura fue notar esas pequeñas cosas que quedaron sin ser revisadas por el escritor. Algunos errores pequeños de redacción, cosas que se repiten desde distintas perspectivas y estilos, detalles muy sutiles que de cierta manera humanizan el libro.
También hay alguna que otra incoherencia cuando reaparece un personaje. Esto último es muy curioso porque en el universo bolañiano, los personajes y las historias van reapareciendo en varios de sus libros, cómo es el caso de Auxilio Lacouture, que es un personaje de Los detectives salvajes y que luego pasa a ser la protagonista de Amuleto.
Hay algunos personajes de 2666 que también aperecen en otros de sus libros, cómo Lalo Cura que aparece también en Putas Asesinas y cómo otros personajes que están también en su novela póstuma, Los sinsabores del verdadero policía. Pero el personaje de Lalo Cura parece tener una historia de fondo muy distinta en 2666 a la historia relatada en uno de los cuentos de putas asesinas.
Esos pequeños errores son profundamente conmovedores y te recuerdan todo el tiempo la lucha de Bolaño escribiendo este monumental libro mientras la muerte lo acechaba.
Un viaje directo al inframundo
Bolaño es un escritor bastante engañoso. Recuerdo que cuando empecé a leer Los Detectives Salvajes me pareció que su escritura era bastante simple y directa. Pero entonces, lo que parecía el relato de un adolescente (un poco imbécil) fue creciendo en intensidad hasta cortar de pronto, en un momento de tensión máxima y empezar la segunda parte de la novela, escrita desde el punto de vista de más de ochenta personajes, una escritura increíblemente versátil, o cómo diría en términos musicales, increíblemente virtuosa.
2666 empieza con la historia de cuatro críticos, un francés, un español, un italiano y una inglesa. Los cuatro están especializados en el escritor ficticio Benno von Archimboldi. Lo que parece relato simple de cuatro críticos que van viajando de un lugar a otro dando conferencias acaba convirtiéndose en un historia violenta y espeluznante. Pienso en una de mis frases favoritas de Los Detectives Salvajes:
“Todo lo que empieza cómo comedia acaba cómo tragedia.»
Leer 2666 es hacer un viaje o más bien un salto de cabeza al inframundo. Ya en algún punto de la parte de los críticos se hace una mención muy breve a los feminicidios que ocurren en el norte de México y que son el eje central de la novela. Y ya Bolaño despliega, construyendo tensión de a poquito, la gran temática del libro: el mal.
En el caso de la primera parte, el relato las vidas insignificantes de los cuatro críticos termina convirtiéndose en una reflexión muy sutil sobre la violencia inherente a los mercados del arte y al mundo académico.
No me extiendo en detalles para evitar los spoilers. Pero digamos que una vez desplegada la violencia, a partir de un suceso clave en La parte de los críticos, la novela queda sumergida en pesadillas y en el horror. Mejor parar ahí mismo, pero si deseas seguir, que sepas que lo vas a sufrir, que te vas a incomodar y que este libro va a dejar una huella y te hará ver la realidad de otro modo. El epígrafe de la novela, una cita de Baudelaire, está ahí casi cómo una advertencia:
«Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento.»
La parte de los críticos ha sido una de mis lecturas favoritas de los últimos tiempos y de hecho el final de la misma me hizo llorar. Una conversación por teléfono, con las luces apagadas mientras por fuera va anocheciendo, una escena demasiado real, una escena que te hace sentir que estás allí, viviéndola, cómo muchas de las escenas escritas por Bolaño.
Los sueños y las pesadillas en 2666
Cómo dije anteriormente, 2666 es tanto un libro de los sueños cómo es un libro sobre el mal. Hay dos análisis muy interesantes que se podrían hacer de esta novela: uno es un análisis con perspectiva de género y el otro sería una especie de listado o repertorio de los sueños que son narrados, los cuales son bastante abundantes y dan muchísima información sobre la psicología de los personajes.
Ya saben que yo soy música, así que no voy a hacer pendejadas, cómo los críticos de la primera parte, y ponerme a releer todo el libro con una libreta o con el ordenador abierto para ponerme a repertoriar todos los sueños que van apareciendo mientras pretendo analizarlos desde un falso sentido de superioridad. Así que voy a hablar sobre esta temática meramente desde mi experiencia lectora y sin rigor alguno.
Imposible olvidar el primer sueño que aparece y que lo tengo a la mano porque recuerdo que apareció en la página 69, y recuerdo que me reí un poquito porque a veces está bien reirse de las cosas como cuando uno tenía quince años.
Curiosamente, ese primer sueño se parece mucho a uno de los sueños que más me impactaron en mi vida y que describí de forma breve antes. No puedo evitar pensar que quizás Bolaño también era una persona que soñaba con mucha intensidad. Te comparto un poquito cómo comienza la narración:
«Casi a finales de 1996 Morini tuvo una pesadilla. Soñó que Norton se zambullía en una piscina mientras Pelletier, Espinoza y él jugaban una partida de cartas alrededor de una mesa de piedra…»
Lenguajes simbólicos
Una de las cosas más me fascina del arte son los contenidos simbólicos. Los académicos y los críticos ponen muchísima energía en hacer interpretaciones de cosas que en muchos casos ni siquiera estuvieron cerca de pasar por la mente del artista.
Lo que sucede muchas veces es que un artista crea desde su experiencia propia de la realidad, las estéticas de la época, con sus herramientas e influenciado por su árbol genealógico artístico personal (con esto me refiero a ese árbol conformado por sus influencias). El artista crea y va haciendo su vida como una persona normal y corriente.
Con esto no digo que el acto de crear sea fácil (es dificilísimo), pero me parece que los artistas, en el proceso creativo, no están analizando todas las implicancias que tiene su obra.
Y entonces, lo que sucede es que la obra nace, pasa a formar parte del inconsciente colectivo y añade nuevos contenidos simbólicos. Y ese contenido simbólico, (cómo ocurre con otros dos lenguajes que me gustan mucho, el tarot y la astrología), va a abrirle nuevas capaz de percepción de la realidad al público que consuma la obra. Y estas capas de percepción se adaptan a cada persona y a su propio bagaje.
Lo que me parece muy interesante es que en 2666, la narración de los sueños opera de una manera parecida a lo que acabo de describir. Y es que la metaficción es algo que está muy presente en la obra de Bolaño. En este primer sueño aparece Norton, la académica inglesa y la única mujer del grupo, y no es banal que el sueño lo haya tenido Morini, el académico italiano. Lamentablemente no puedo comentar más sin hacer spoilers. Esta narración ya va prefigurando el final de La parte de los críticos pero a la vez, luego de pasar por La parte de Amalfitano, La parte de Fate y La parte de los crímenes, la experiencia de Norton en Santa Teresa toma un matiz completamente distinto.
En esta novela aparecen muchísimos sueños y pesadillas e incluso muchas veces, Bolaño, en una especie de juego, describe los sueños de distintos personajes que están durmiendo a la vez en un mismo espacio y cómo los sueños se ven afectados incluso por el lugar en dónde duermen: la forma de un retrete, un espejo, los colores de la habitación, entre otras cosas. Estos sueños van mostrando estrados más profundos de los personajes y añade nuevas capas de significados a las acciones que van sucediendo.
Esto se ve muy claramente en La parte de Amalfitano. Oscar Amalfitano es profesor chileno que vive en Santa Teresa y que da clases en la Universidad local y que luego de una vida más bien extraña empieza a tener alucinaciones. El relato de Amalfitano se va volviendo cada vez más difícil de seguir y más difuso hasta el punto de que es difícil distinguir que es real y que no. La locura de Amalfitano podría ser un disfraz del miedo, el miedo latente a que le ocurra algo a su hija. Este miedo, así como el primer sueño de Norton y muchos otros elementos, ya van preparando la escena para la monstruosa Parte de los crímenes.
En el libro, los sueños van apareciendo en los personajes cómo un sistema de protección ante una realidad que es dura, desafiante y que es muy difícil de asimilar.
Las narraciones de los sueños se presentan cómo una experiencia del inconsciente colectivo y cómo una manifestación energética antes de que ocurra un suceso o la manifestación de una realidad que ya está ocurriendo por las rendijas de la puerta, por debajo de las camas, por los orificios de la ventilación de los edificios, de una realidad que ya se percibe en el olor que desprende el aire acondicionado y que nuestro espíritu ya conoce pero que nuestra mente aun se niega a ver.
Esta novela, más allá de su oscuridad y de lo difícil que es, es una oda al mundo de los sueños y de las pesadillas. Y sí eres cómo yo, una persona que sueña muy intensamente, creo que la lectura de este libro puede ser muy nutritiva y vale mucho la pesa dar manotazos a las telarañas de personajes, tramas, temáticas y líneas argumentales que presenta.

La llave del enigma
Para terminar este artículo te comparto las notas que tomé justo al terminar mi lectura 2666, una lectura que me llevó varios meses.
Los feminicidios en Santa Teresa (trasunto de Ciudad de Juarez), quedan sin resolver, cómo quedan sin resolver muchos crímenes en las dolientes ciudades latinoamericanas y cómo quedaron esos crímenes sin resolver en la vida real, ya que lamentablemente sucedieron y de hecho Bolaño llegó a reescribir mucho de ellos tal cómo ocurrieron luego de una investigación exhaustiva.
Esto es muy difícil de asimilar. Pareciera que las partes de la novela quedan abiertas, pero cómo sucede con los finales bolañianos, a pesar de que quedan cabos sueltos siempre dan una extraña sensación de cierre, una sensación de que no podía terminar de otra manera. La parte de Archimboldi cierra un círculo perfecto. Pero como todo círculo, está cerrado pero no tiene ni principio ni final. Entonces es posible, justo después, empezar a leer de nuevo La parte de los críticos, en una experiencia circular y sin borde.
En la penúltima página del libro sucede un encuentro que me dejó muy marcada y es muy curioso, porque es un encuentro simple, inocente, una coincidencia feliz, se podría decir.
¿Sucedió o fue fue sueño?
El final de 2666 es cómo la llave para resolver un enigma. La última pieza para completar el rompecabezas. Pero la última pieza tiene truco y es que no te permite ver el rompecabezas completo, desde afuera, sólo puedes verlo desde una pieza, o desde un grupo pequeño de piezas. Sabes que el puzzlrompecabezase está terminado, pero verlo completo es algo vedado.
La respuesta del enigma está del otro lado, ese que sólo es posible conocer renunciando para siempre a este lado.
La magia de 2666 es recrear ese sentimiento de enigma resuelto, sin concederte jamás, la respuesta del mismo. Cómo un sueño-llave, que te da una suerte de falsa sensación de Epifanía, que se desvanece cómo las nubes atravesadas por los aviones.
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referencias:
https://es.wikipedia.org/wiki/2666_(novela)#Creación_de_la_obra_e_historia_editorial
http://www.anagrama-ed.es/foreign-rights/book/narrativas-hispanicas/2666/9788433968678/NH_366

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