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Sin darme cuenta, me convertí en una aficionada a ver series. La primera serie que vi completica fue Friends. Y desde entonces no paré. Eso fue en el 2021. Antes de eso, mi mayor fuente de entretenimiento eran los pódcasts y YouTube. Aunque pensándolo bien, esta es la vida post-migración/exilio. En Venezuela, veía la televisión con mis padres y mis hermanos y escuchaba la radio.
Sin embargo, lo importante aquí son las series. Uno de mis momentos de felicidad en el día es ponerme un episodio de una serie mientras como o mientras me hago el skincare en la noche antes de dormir. Y cuando estoy enferma, amo estar en la cama y ver series todo el día.
Justo a finales del 2021 conocí a Umberto, mi pareja. Y encontré a alguien con quien compartir esa afición. Él ama Friends tanto como yo, así que al fin tenía a alguien con quien hacer pausa cada 2 minutos y conversar sobre las situaciones representadas por esos míticos personajes.
Con Umberto pude ver Breaking Bad. Solo con él era posible. Soy extremadamente sensible a la violencia, así que necesitaba a alguien que pudiera contarme lo que pasa cuando necesitaba taparme los ojos. Y gracias a eso pude vivir la experiencia increíble de emocionarme con el Storytelling de Vince Gilligan. Luego vimos Better Call Saul, que es una de las obras audiovisuales más bellas que he visto en mi vida. Varias escenas de esa serie viven rent-free en mi mente.
Y vimos Bojack Horseman, The Good Place, How I Met Your Mother, Ozark y muchas cosas más. Algunas series las compartimos juntos. Otras las veo por mi cuenta, como Sex Education, Heartstopper, Valeria y Emily in Paris (mi serie favorita para ver cuando estoy enferma).
Sin embargo, solo recientemente me di cuenta de que, lo que parecía ser simplemente entretenimiento, ha sido muy transformador en mi vida. Para ejemplificarlo, voy a usar el concepto de catarsis en la Poética de Aristóteles, que se refiere a los efectos de la tragedia en la mente de los espectadores, produciendo una purificación emocional, corporal, mental y espiritual (https://www.britannica.com/art/catharsis-criticism).
También pienso en mi proceso de terapia. Mi analista me guía para traer escenas de mi vida y mirarlas desde afuera, y solo desde esa posición de espectadora, puedo resignificarlas. En el espacio terapéutico, las personas en mi vida pasan a ser personajes a los cuales les atribuyo ciertos roles y características, y en vez de verlos como buenos o malos, intento descifrar qué representan simbólicamente. Es así como estos símbolos se convierten en herramientas evolutivas. Se dice fácil, pero en realidad es un proceso que lleva tiempo y que es muy sutil.
La primera vez que me di cuenta de que yo estaba haciendo un proceso de catarsis a través del cine y de la televisión fue viendo el final de la segunda temporada de Severance. Sin hacer spoilers, la temporada termina con Mark S, uno de los personajes, haciendo algo profundamente disruptivo en pos de satisfacer profundamente su propio deseo o en pos de dejarse atravesar por el amor. Creo que puede ser visto de ambas maneras. En el instante en el que vi esa escena, sentí mucha incomodidad, e incluso enojo. Pero los días pasaron y me di cuenta de que algo cambió en mí. Hice catarsis proyectándome en lo que vi. Una de las tantas capas en mi coraza de niña buena se desdibujó. Lo salvaje, las ganas de romperlo todo y abrazarme con desasosiego y ardor al objeto de deseo, eso que está bien oculto en alguna parte de mi ser, emitió un rugido de resonancia.

En una de las infinitas interpretaciones posibles, la otra cara de la moneda de Mark S es Dale Cooper, uno de los personajes principales del universo de Twin Peaks.
Hay cosas que generan cierto magnetismo, y no podemos explicar con la razón el por qué. Creo que es algo común a todas las personas. Ciertos objetos, colores, símbolos, animales e incluso ciertos artistas o productos artísticos. Esto es lo que me pasó con Twin Peaks. Le propuse a Umberto verla. No sé de dónde me vino esa información, pero tenía que verla. Entonces hice la respectiva cuenta en la plataforma de streaming necesaria y me entregué a la experiencia, teniendo la información previa de que es una serie bastante irregular e imperfecta, que David Lynch y Mark Frost no dirigieron la mayoría de los episodios y sabiendo que la trama aparentemente no iba hacia ninguna parte. Y de nuevo, incluso con más intensidad, ocurrió la catarsis. Y aparte de la catarsis, reconocí inmediatamente el lenguaje de los sueños y de los símbolos que constituyen los mundos de Twin Peaks. Los reconocí porque son el lenguaje que hablan mis sueños también.
Creo que nunca un personaje ha dejado una huella tan profunda en mí como Dale Cooper. En Twin Peaks hay muchas capas en las que me encantaría profundizar más adelante, pero en este ensayo me voy a enfocar en algunos aspectos de este personaje de manera breve. Muchos elementos del teatro de Twin Peaks giran en torno a la dualidad, que es algo que a mí siempre me ha interpelado. Esto ya se manifiesta en el título: twin, gemelo. Y lo que me parece muy interesante es cómo en la serie esta dualidad toma varias formas: oponiéndose violentamente, rozándose, diluyéndose o conviviendo de maneras más o menos armónicas en distintos personajes y en distintas situaciones. Y justamente, cuando se tocan, crean espacios liminales. David Lynch es el artista de los espacios liminales.
Cooper representa uno de los extremos de esa dualidad, que es una de las cosas que le mueve. Un extremo en el que él actúa el personaje (un personaje dentro del personaje) del que hace las cosas bien. ¿Si hago las cosas bien, todo va a salir bien, verdad? ¿Si antepongo mi propio deseo y me entrego con generosidad al otro, no hay nada que pueda salir mal, no? Sin dejar ningún spoiler y simplificando muchísimo, Cooper se dispone, a lo largo de la serie a intentar salvar la vida de tres mujeres traumatizadas (cuyos traumas atraviesan generaciones y pueblos, porque el trauma siempre es colectivo). Se dispone a intentar cambiar el destino de tres individuos que están viviendo su propio camino evolutivo.
Yo soy Dale Cooper. Desde el segundo en el que aparece en escena, me vi reflejada en él. La hiperfijación en las cosas que le generan placer genuino (en su caso, el café y el pie de cerezas), la capacidad de contemplación, la combinación entre análisis e intuición, ciertas características mediúmnicas, la adaptación (e incluso sobreadaptación) a distintos roles y niveles de jerarquía, el talante alegre y la inocencia. Y como a Audrey Horne (otro personaje que me encanta), también me deslumbró su aparente perfección.
Pero todos tenemos una sombra, y lo que sucede al no integrar la sombra es que termina manifestándose con mucha violencia, ya sea en uno mismo, o en las experiencias y personas que van apareciendo en nuestras vidas. Twin Peaks me mostró, como si fuera una tragedia griega, una de las cosas que mi psicóloga intenta mostrarme de muchas formas desde hace cuatro años: no puedo salvar a nadie. No puedo cambiar lo que es. Lo único que puedo hacer es vivir y experimentar mi propio camino evolutivo.
Mientras Mark S se entrega a su deseo sin medir las consecuencias, Dale Cooper aniquila su alma sucumbiendo al impulso de salvar a otros, a costa de su deseo. Y de cierta forma, aunque parezca que lo disruptivo en Mark S sea un impulso, hay más premeditación en esa disrupción que en el afán de salvación que impulsa a Cooper. Y la paradoja de esto es que quizás una parte del camino evolutivo de Cooper era ese: era intentar interferir en otros caminos, lo cual le permitió habitar planos y secuencias que, de forma no intencional, sí que le mejoró en realidad la vida a otras personas.
¿Hasta qué punto realmente tomamos decisiones? ¿Cuánto de libre albedrío hay en nuestras vidas? Todo se puede resumir en este diálogo que aparece en un sueño de Gordon Cole, el personaje interpretado por el mismísimo David Lynch:
We are like the dreamer who dreams, and then lives inside the dream. But, who is the dreamer?
Somos como el soñador que sueña, y vive dentro del sueño. Pero, ¿quién es el soñador?
Me gustaría terminar este texto en una nota más ligera y menos existencial. Pero no me sale. Supongo que al final lo que estoy tratando de decir es que la vida es muy compleja y obedece a leyes, órdenes y estructuras que se nos escapan a la mente humana. Y sobre todo, la vida no es lineal. Distintos puntos están operando en nosotros que luego vuelven a aparecer años después y que ya se habían manifestado previamente en nuestros antepasados o que se manifestarán en el porvenir. Pero mientras tanto, el arte es una manera de reflejarnos en espejos, de reflejarnos en otros y de conectar con esas partes de nosotros que de otras formas no veríamos.
Lo que sí te puedo decir, porque yo en realidad habito un tono optimista, es que al menos al integrar distintas partes de nosotros, podemos recibir el regalo de que se nos muestren otras formas y otras posibilidades y quizás lo mejor que podemos hacer es disfrutar del viaje, o saborear todas las tazas de cafés y todos los pies de cerezas que se nos presentan, cuando los sueños toman formas suculentas, redondeadas y placenteras.


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